sábado, 31 de mayo de 2014

Memoría


Yo sé que no estás preparado, pero ¿quién lo está? Ni los más grandes y peligrosos hombres de la historia lo han estado. La sorpresa es mi mayor virtud. Pues aún cuando se sienten listos, no están ni cerca, de mi realidad.


No hay por que dejar que el frío nos abrace ni que el miedo te lo infundan los médicos, ¡Enfócate, Guillermo!. Pero, ¿qué saben los doctores? Ellos no tienen ni idea. ¡Matasanos!


Puedo sentir tus vibraciones muy bajas. No están en este mundo. Se sienten frías, secas. Como si les faltara vida. Como si les sobrara eternidad.
       — No diga pendejadas. Brujos, por eso nadie acude a ustedes. ¡Charlatanes!
       — No puedes evitar tu destino. No es tu voluntad la que decide. Agárrate de una voluntad superior y acéptalo. La muerte está rondando cerca de ti. Son días, los que te regala, antes de encontrarte con su guadaña.
       — Gracias por su ayuda. Y, ¿cuánto me va a costar el chistecito?
       — No importa, no hay precio que puedas pagar por la vida.


       Cómo chingados se me ocurrió ir con la bruja. Si no le creí a los doctores, que son hombres de ciencia. Que va a saber una bruja sin conocimientos. Si estuviera muriendo, lo sentiría, pero no siento nada... Necesito otra opinión.

*

Adelante. Ahorita viene el doctor...
       — Pase. ¿a qué debemos la visita?, señor...
       — Guillermo.
       — Dígame, ¿en qué le puedo ayudar?
       —Mire, yo sé que tal vez no sea su ramo, pero ya no sé que hacer. Hace dos semanas fui a hacerme unos análisis, porque siento un dolor. Es como un vacío en la boca del estómago. Hace tres días fui a recogerlos y me dijeron que era una enfermedad extraña. Según tres doctores, que vieron los análisis, me quedan de tres a seis días de vida. Pues la enfermedad va afectando al corazón y al cerebro hasta matarlos. No sé que hacer, ya fui con un chamán, porque me dijeron que podía ser mal de ojo. Ella me dijo que eran días los que la muerte me regalaba antes de encontrarme con su guadaña. Y no se me ocurrió nada más que venir con usted.
       — Vamos con calma. Dígame cómo y donde siente el dolor.
    — Empecé a sentir como si estuviera sofocado, un dolor en la boca del estómago.
       — El "plexo solar"
     — Como se llame. Y de repente me dan unas punzadas en la nuca y en el pecho. Desaparecen después de un momento y luego regresan, casi con los minutos contados.
      — Le voy a ser muy honesto. En mi experiencia como médico alternativo, he visto cosas que no me expliqué jamás. En toda mi carrera, han venido personas, como usted con los mismos síntomas, desesperados, sin saber que es lo que les sucede...
       — Ya dígame de una puta vez que me voy a morir.
      — No hay motivos para alterarse. Por los síntomas que usted presenta, creo que una infusión de hierbas pudiera ayudarle. Pero también, esos mismos síntomas pueden ser causa de muerte. Es decisión suya.
       — Bueno, deme de una vez ese té de hierbas.
     — Lo va a tomar una vez, hoy en la noche. Tómelo aproximadamente una hora antes de dormir, para que le haga efecto. Comenzará a sentirse raro, pero es por el té.


Ahora resulta que éste pinche doctorsito hippie, va a hacer lo que no hizo el doctor ni la bruja. No sé ni que tenga su té de hierbas. Igual y éste cabrón me termina de matar.
Pues, si me voy a morir, a la verga, que pase de una vez.

*

... ¡No mames!, qué chingados está pasando.
       Ya me estoy muriendo. Sí, la gente que se va a morir ya sabe que se va a morir. Pero aún no estoy listo. No he hecho muchas cosas.
        —¡Yo sé que no estás preparado!, pero ¿quién lo está? Ni los más grandes y peligrosos hombres de la historia lo han estado. La sorpresa es mi mayor virtud. Pues aún cuando se sienten listos, no están ni cerca, de mi realidad.
       —¿Qué haces aquí? Entonces es cierto. Ya me voy a morir.
     —Sí, vengo por ti, por tu alma vieja que debe tanto al universo. Vengo a cobrar, lo que has hecho. Pero aún tienes un pendiente y no puedes irte, hasta que lo cumplas.
     —Tengo muchos pendientes. ¿qué va a pasar con mi trabajo? Mi madre, pobre de mi madre, ella va a sufrir por mi muerte. Mi casa, ¿quién la va a pagar?. Mis deudas, ¿quién las va a cubrir sino mi familia? Qué debo hacer, se piadosa y ayúdame. Dame más tiempo.
      Nada de lo que puedas hacer en este mundo me interesa. Te queda poco tiempo. Mañana a las 5:40 a.m. vendré por ti, para entonces, ya estarás listo para irte.
       — Siete horas no me alcanzan para resolver todo.
      El tiempo es justo y perfecto para que tu ciclo sea cerrado, ya te llegará la ayuda que necesitas.

       No me puedo ir, no debo irme. No puedo resolver en siete horas mis deudas, no puedo hablar a mi trabajo y renunciar por que me voy a morir, pensarán que estoy loco. No, no, tranquilo, es sólo un sueño. A ver, si me pellizco... ¡Ah!, si me dolió. No es un sueño. Mi mamá se va a enojar porque nunca pinté la casa. Pero ella también me traía en chinga. Pero, es mi “jefita”, no me puedo enojar con ella, ella me dio la vida...
       ¡Claro!, ella me quería enseñar como es la vida de dura para que yo pudiera ser un hombre de bien, cómo mi papá.
       Ése cabrón presumido, siempre ostentando que podía comprarnos lo que fuera, pero nunca nos dio cariño... ¡Oh!. Ése era su modo de demostrarnos cariño, comprándonos cosas. “El amor más puro, es aquél que en silencio, se sabe y regocija, a través de la mirada del sentimiento mismo”. Mi viejo, sus ojos tan llenos de amor y tan vacíos de soberbia. Pobre, y yo tanto que lo juzgué. Ahora no le podré decir que lo amo. Tanto que me dieron mis papás, mi hermano, mi novia. Chingada madre. El pedo no eran ellos, el pedo era yo. Yo me ofendí, yo me sentí mal, yo cargué culpas, yo me hice irresponsable. ¡Ay Dios!, y yo echándole la culpa a la gente. Pues sí, es más fácil culpar a los demás.
       No merezco estar en este mundo. ¡Dios!, qué es todo esto. Claridad entre penumbras. Ahora tengo todas las respuestas a mi alcance. Justo cuando me llega la hora de partir. ¿Por qué no antes?, ¿por qué no cuando me sentía deprimido? Estoy listo para irme. Creo que haré menos daño si no estoy aquí. Aaah — suspiro —. Ahora puedo irme.


Tu momento ha llegado. Es hora de partir. Despídete de todo lo que conocías.
       — Es inevitable sentir paz, a pesar de saber que moriré.
       — Ahora, tomaré de ti, el recuerdo de tu última pareja y el primer recuerdo molesto de tu niñez. Entre esos dos puntos se encontraba tu desvío. Te perdiste en el rencor a la gente, en la avaricia de tu trabajo, en la lujuria con tus parejas, en la gula de lo inservible, en la pereza de tu vida, en la envidia a tus semejantes y en la soberbia de tu persona. Estás completo ahora. Tu ciclo se ha cerrado. Tu alma vieja se ha redimido, has pagado. Tu muerte, se cumplió. Tu vieja conciencia ha muerto. Has renacido para hacer lo debes hacer de manera correcta.
       — Pero entonces, ¿no moriré?, ¿no me iré de este mundo?
       — Has muerto sí. Murió tu viejo “yo” y renació uno nuevo. Tu resurrección llegó. Tu cuerpo se queda en este mundo. Y tu condena será transmitir el mensaje. No harás actos que condenen de nuevo a tu alma con consecuencias fatales. Has ganado libertad con esta condena. Dirás que has burlado a la muerte.


... Cinco cuarenta de la madrugada. Justo el tiempo en el que me lo anunció. Todo esto fue un sueño. No creo que haya sucedido. Es científicamente imposible. Todo fue una fantasía, acto de mi imaginación. Necesito dormir. Necesito no pensar.

*

¿Usted aquí? Pero... ¿cómo?
       — Me tomé el té doctor y algo muy extraño sucedió. Me anunciaron la hora de mi muerte.
       — Pero, usted debía morir, todos los síntomas apuntaban a eso. El té que le di, sólo era manzanilla y hierbabuena. Dígame cómo ha burlado a la muerte
        — Sólo logré engañarla. No sé cómo. Pero aquí estoy.








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