El martes pasado de regreso a casa saliendo
del trabajo, tuve un ataque de tos. Por tanto hacer esfuerzo, vomité las
flemas que tenía, mismas que taponearon mi nariz y tráquea impidiéndome
respirar. Al paso de angustiantes minutos tratando de jalar aire por la boca,
sin tener mucho éxito, pude liberar mis fonas nasales y parte de la garganta
para jalar el aire suficiente para seguir vivo.
Escuché esta canción en mi celular un par de horas después de haberme podido levantar, y pedir un taxi que me
regresara a mi casa con todo y bici. Puse el "shuffle", me puse los audífonos
y cuando escuché la frase, "Sentí el sudor y desaté mi alivio, la bocanada
tuvo fuerza para responder", recordé la angustia de estar casi muerto. El
coro, que en una estrofa dice, "complicado y aturdido, así me
levanté", me hizo derramar una lágrima por tener la dicha de tener la astucia para conservar
éste milagro, bendición, como quieran decirle, que llamamos vida.
Hasta ahora, ése primer respiro después de
la momentánea muerte, ha sido y será, el
más recordado de todos mis respiros, pues con mi último aliento, y hasta mi
último aliento, me aferro a la vida, al amor, a mi espiritualidad y a ésta mi
casa, el planeta que llamamos Tierra. Esa sensación, del oxígeno entrando por
tu nariz, recorriendo tu sistema respiratorio, llegando a tus pulmones
calientes de la sangre que no circula, llegando a tu cerebro, que disipaba la
esperanza de vida, nublando la vista, durmiendo extremidades, tratando de
seguir conectado, ese aliento de vida brindado por el aire fresco; quedará como
cicatriz en la piel de mi corta, pero experimentada vida.
— ¡Pancho, ya deja esa máquina y vente a comer!, ni que fueras a ganar un
Óscar de literatura, se te va a enfriar, ándale.
— ¡Ya voy, mamá!, y no se llama Óscar, son…
— ¡Ay!, ya vente a comer
— Aah, sí, ya voy —me lleva la que me trajo, me cortó
la inspiración y ya ni sé cómo voy a acabar mi relato. Pues ya así se lo
entrego a la miss, total, no creo que me chingue.
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