Nos preocupamos más por figurar que por contribuir. Es entonces cuando comienzan los problemas, las luchas de egos y los destellos de soberbia.
Pensamos más en lo que dirán de nosotros que en el impacto de nuestros actos. Nos importa un bledo las consecuencias y egoístas continuamos procediendo a nuestra conveniencia, pero maquillando los actos de caridad.
Es la cantidad más importante que la calidad y nuestro espíritu de servicio queda intacto, guardado y oculto.
No servimos sin beneficio ni ayudamos sin acumular bienes. Exigimos derechos como si hubiéramos luchado para conseguirlos. Evitamos obligaciones como si tuviéramos el poder de elegirlas. Nos pasamos la vida ignorando necesidades ajenas, riendo en los adentros del despojo que logramos por vivir como soñamos, sin darnos cuenta de cuan equivocados estamos.
martes, 27 de febrero de 2018
*De la falsa caridad
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