Carta al cumpleaños
Hoy es un día de contrastes. Es un día en el cual celebro a la vida y a la muerte, es un día en el cual las lagunas mentales se hacen presentes para situaciones que marcaron hito, en la corta historia de mi vida. Alegrías al por mayor y tristezas prominentes dejan claridad y aplomo en la figura y carácter que forman mi persona. Los años no pasan de largo, sólo suceden. Vivímos en una infinita espiral que pasa a la misma velocidad a la que se derrite el vidrio sin dejar atrás nada, sino manteniendo presente lo verdaderamente importante para la construcción de lo que seremos y donde estaremos el día de mañana.
La vida no acaba con la muerte, comienza para quienes en tierra interactuando con su ambiente se quedan. Con la muerte nacen el siguiente escalón en el sentido común, la sabiduría de discernimiento, la realidad de nuestros sueños y pesadillas, la fuerza y coraje para enfrentar y sobrellevar las insatisfacciones del día, las que no soltamos y de las que nos preocupamos cuando aún no suceden.
Hoy es un día de contrastes, celebramos tanto a la vida como a la muerte, un día en el que los recuerdos tanto dulces como amargos suceden, un día en el que recibimos la bendición de Dios o de los dioses que nos arropan. Un día en el que nos inmutamos por la sorpresa, la alegría, la tristeza, el llanto, la concepción, la divinidad, la conciencia, el arrepentimiento, la justicia y el despertar. Donde atendemos al llamado interno de la voz de la razón y la constante de la madurez y el cambio, al soliloquio que nos empuja a cumplir las metas que desafían a nuestros límites.
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